Entrevista a Felipe Andrés

Es en el Teatro Infanta Isabel de Madrid donde, hasta el próximo 13 de diciembre, podremos disfrutar de una de las representaciones más innovadoras de esta última temporada. Cuando fuimos dos, un texto de Fernando J. López bajo la dirección de Quino Falero, es una obra en la que cualquier persona podría verse reflejada. A través de dos personajes muy bien trabajados, César (David Tortosa) y Eloy (Felipe Andrés), analiza en profundidad el universo de las relaciones de pareja, donde no existe una única verdad. Felipe Andrés, como actor de teatro, ha intervenido en obras como El fantástico Francis Hardy, curandero; Bodas de Sangre o Pacto de Estado. También ha participado en series como Aida, Yo soy Bea o Luna, el misterio de Calenda. Es, además, uno de los fundadores de la compañía Cría Cuervos.

Felipe Andrés interpreta a Eloy en «Cuando fuimos dos». Fotografía: Khalid Belmar

Para quien no la conozca, ¿podrías hablarnos un poco de la compañía Cría Cuervos? ¿Cómo nace y se desarrolla el proyecto?

La compañía Cría Cuervos nace a finales de 2009 gracias a la unión de Rocío Vidal, mi socia, y yo, junto en aquel momento a Pilar Almansa, nuestra directora y dramaturga de los primeros montajes. Nuestro principal interés es observar lo que sucede a nuestro alrededor para contar lo que nos afecta y acercarlo a la gente, de forma que pueda llegar al mayor número de personas. Apostamos por textos o historias con las que nos identifiquemos y podamos defender para encontrar un lugar dentro del panorama teatral, ofreciendo algo diferente y nuevo.

Nuestro primer montaje fue “Pacto de Estado”, una farsa política con mucho componente crítico político. Tuvo mucho éxito y se mantuvo en el Teatro Alcalá durante una temporada para después representarse en otras salas más pequeñas.

En “Cuando fuimos dos” hemos querido continuar en esta línea, dejando un poco el lado humorístico de “Pacto de Estado” para mostrar una realidad.

¿Y cómo definirías “Cuando fuimos dos”?
Es una historia de amor entre dos hombres contada con total naturalidad, sin caer en arquetipos, estereotipos ni estridencias de ningún tipo. Una obra cercana y reconocible en la que cualquier persona, indistintamente de su sexo u opción sexual, puede sentirse identificada.
¿Consideras, entonces, que la obra ayuda a la visibilidad? A fin de cuentas, cualquier tipo de pareja tiene los mismos problemas…
Exacto. Con anterioridad han llegado al teatro historias de personajes homosexuales. Pero siempre eran estridentes, arquetípicos, artificiales, traumados, con muchísimos problemas o incluso pervertidos. La diferencia radica en que nunca antes ha llegado, a un gran teatro comercial, una historia con esta cercanía y naturalidad, sin justificación ninguna de que sus personajes sean homosexuales sino que son dos seres humanos que se aman, que luchan por salvar su relación y que tienen tantas dificultades como cualquier otra pareja.
Desde su estreno la obra ha recibido un sinfín de buenas críticas. ¿Cómo has vivido esta situación?
Cría Cuervos estrenó la obra en febrero en el Teatro Sol de York, un teatro de tamaño medio (unas 180 butacas) y fue muy bien desde el principio. Por eso llegamos luego a este teatro, el Infanta Isabel. Para nosotros es una alegría, con muchísimo esfuerzo y muchísimo trabajo, porque cuando no tienes una cabecera de cartel es muy difícil, cada vez cuesta más traer a la gente. Entonces tienes que ofrecer algo diferente, algo distinto. Nosotros hemos encontrado una fórmula tanto en el texto, como en la dirección, como en los actores de un producto que interesa. Y creemos que es muy necesario. Sobretodo en una época como esta en la que hay tanto caso de homofobia (ya no sólo en el extranjero, sino aquí). Es muy importante que una obra como esta se pueda ver en un teatro comercial, y tenemos casos de gente que ha venido, de chicos, que para ellos ha sido algo iniciático. Que se han lanzado y que se tienen que enfrentar a su sexualidad y de repente ver y descubrir una obra como esta, donde se refleja de una manera tan cercana y tan sincera y honesta. Aparte de que venga gente y que nos llenen el teatro es ver que nuestra función es necesaria y puede ayudar a mucha gente.
Al fin y al cabo eso es lo que reconforta a un actor…
Reconforta y da sentido a nuestro trabajo. Actuar, además del componente de ego que todo artista tiene, de mostrar su trabajo y su creación, es también un fin social. Lo que cuentas, dices y produces va para alguien y para algo, no sólo para ganar dinero, que tampoco es el caso: aunque nosotros tengamos público no somos un musical de la Gran Vía. A pesar de todo hemos encontrado un hueco dentro de la cartelera de Madrid, algo casi imposible con la cantidad de espectáculos diarios. Que todas esas personas vengan a ver tu función es como un milagro, sobre todo con los medios que nosotros contamos.
¿Crees que “Cuando fuimos dos” podría abrir la veda a otras funciones de este tipo?
Ya se ha abierto. Tampoco estamos inventando nada, todo está inventado, pero cuando estrenamos “Cuando fuimos dos” no había realmente obras de este tipo y, de repente, han surgido muchísimas. Es algo positivo: si el público ya está empezando a estar más acostumbrado a este tipo de obras, pues genial.
A través de las redes sociales se percibe un muy buen ambiente de trabajo. ¿Qué aspectos destacas de cada uno de tus compañeros?
David Tortosa es el rey de las redes sociales (risas). Es una persona con mucho encanto y sabe transmitirlo a través de ellas, algo muy difícil. Tiene la virtud de hacerlas muy amenas y dinámicas, y cada semana escribe una cosa diferente: se inventa mil cosas, cuelga fotos, vídeos diferentes… Tiene un don especial que envidio mucho (risas). Es un actor fantástico con el que he conseguido una compenetración total. Todo es fácil con él, es humilde, honesto, auténtico y trabaja con una sinceridad maravillosa. Desde el principio todo fluyó y surgió una química imprescindible para esta función. David tiene un buen rollo genial, ¡siempre con una sonrisa! Para mí es un regalo haberle conocido más profundamente en este montaje, ya que sólo coincidimos en un curso hace años, y espero conservar su amistad por mucho tiempo.
Fernando J. López es una de las personas más generosas que conozco. Sin su enorme apoyo, esta producción nunca podría haberse llevado a cabo. Siempre está dispuesto a echar una mano, involucrándose en lo que haga falta. Con unos principios ejemplares es un luchador nato y defensor de causas como la educación pública, visibilidad LGTB, igualdad de la mujer… Todo lo que te pueda decir es poco. Tiene una capacidad absolutamente envidiable. Realmente creo que es superdotado y muy inteligente (risas). Es un novelista, además de dramaturgo, muy reconocido. Tiene muchísimos seguidores y nos escriben desde muchos sitios de España que han leído sus novelas (La edad de la ira, La inmortalidad del cangrejo…). Entonces, claro, es fantástico, porque a la ciudad que vayamos Fernando convoca a la gente. Este año ha publicado tres novelas, otra obra de teatro, es profesor de secundaria, escribe una literatura universal para una editorial, con sus alumnos también monta obras de teatro… Es increíble.
Quino Falero ha sido un descubrimiento mágico, porque es una persona que nos ha dirigido con una sensibilidad, un cariño, con una inteligencia, siempre a favor de los actores y a favor del texto. Hay muchos directores que del texto se olvidan y hacen lo que ellos quieren. Quino ha dirigido el texto de Fernando con mucha elegancia y ha sabido guiarnos, siempre a favor nuestro, para que el texto nos saliera fácil. Es un director brillante.
Rocío Vidal, estupenda actriz y mi socia en Cría Cuervos. Toma en esta obra las labores de producción y ayudantía de dirección. Es una persona muy eficaz, muy inteligente, con mucho talento y consigue que todo se arme y pueda llegar a buen puerto.
Hablemos de Eloy, un escritor que, a la par de perfeccionista, también tiene un lado muy vulnerable. ¿Cómo fue enfrentarte al personaje?
Siempre hay que acercarse a los personajes desde la comprensión, desde ¿qué tengo yo de este personaje? poquito a poco y con sinceridad. Por supuesto habrá cosas en las que no estés de acuerdo, pero no hay que juzgarle. Cuando está tan bien escrito el texto como está y con una buena dirección, puedes acercarte un poco desde ti porque yo tampoco sé trabajar de otra manera. En el proceso creativo vas encontrando cosas que no son tuyas pero que ya poco a poco vas acercándote a entender lo que le sucede. En resumen, ver las cosas en común con él para entenderlo de una manera orgánica. En los ensayos, las improvisaciones, el texto y la relación con tu compañero vas encontrando muchas armas y muchas pistas.
Así como un actor aporta a su personaje, ¿crees que existe una retroalimentación y Eloy te ha transmitido algún aspecto?
Nos aportamos mutuamente. Yo también aprendo muchas cosas, muchos errores de Eloy, errores que intento aplicar a mi vida para no cometerlos y muchas cosas bonitas que Eloy hace y que son un ejemplo para seguir. Es mutuo. Cuando tú le aportas cosas a tu personaje y el personaje va creciendo y va tomando cuerpo en la función de repente te sorprende con cosas y las vas aplicando tú en tu vida, por supuesto.
Por lo que respecta a tu trayectoria, has realizado un gran número de papeles clásicos. ¿Cómo es trabajar en ese registro, a diferencia del moderno?
Con respecto al teatro realista, en el que no hay que preocuparse tanto de una composición física y una estilización, se trabaja de manera muy sencilla y honesta acercando el personaje a ti. Es el caso de “Cuando fuimos dos”. Trabajar clásico, tanto en verso como en prosa, es tarea diferente. El trabajo del verso es técnico, hay que tener un control y una formación específica para hacer este tipo de teatro. Si haces Shakespeare, Lope de Vega o Cervantes hay que trabajar una estilización física. Afortunadamente me formé en la RESAD y ello me proporcionó unas herramientas que voy controlando y manejando. No es lo mismo trabajar drama, tragedia o una comedia del Siglo de Oro. Depende del personaje hay unas características físicas, psicológicas, de voz… Pero independientemente del registro me acerco a los personajes desde la honestidad.
A finales de este mes concluirán las representaciones. ¿Qué proyectos tienes preparados para el futuro?
De momento no hay nada concreto. Ahora mismo continuar con “Cuando fuimos dos”, cerrar la gira para el próximo semestre, intentar hacer temporada en Barcelona para 2014-2015 e intentar producir otra función.
Y por último, un poco de actualidad. Hace unos días los medios de comunicación se hicieron eco de la posible privatización del Teatro Fernán Gómez. Si esta medida se llevara a cabo, ¿cómo crees que afectaría al sector?
No estoy de acuerdo en privatizar lo público, ya sea sanidad, educación o cultura porque son bienes sociales ganados con muchísimo esfuerzo durante muchos años. Yo creo que el teatro público tiene su lugar, aunque me gustaría que apostara por algo más arriesgado. Porque si el que vamos a tener va a seguir los mismos parámetros que uno privado tampoco estoy de acuerdo. El teatro público debe ofrecer algo diferente a lo que da el privado. Espectáculos como este, que son muy arriesgados por su temática, deberían estar en una sala pequeña de un teatro público. Esta obra es un bien social, necesaria para mucha gente, y el teatro público debe velar por eso. No me parece bien privatizar por privatizar, porque seguramente hay intereses detrás que, como en casi todas las privatizaciones, son oscuros y no me gusta. Desmantelar una red de teatros públicos que funcionan más o menos bien con su plantilla de trabajadores… No me parece adecuado.