‘La Edad de la ira’ conquista Conde Duque

Desde el pasado 21 de abril y hasta el próximo 6 de mayo, el Teatro Conde Duque acoge La edad de la ira, la obra teatral basada en la novela homónima de Fernando J. Lopez —aunque desde un punto de vista distinto— y dirigida por José Luis Arellano que pone sobre la mesa, de una forma valiente y sincera, el relato de ocho adolescentes con común denominador: el destino último de Marcos (Álex Villazán) y el preludio del desafortunado evento que cambió su vida. Una historia abordada desde la más absoluta empatía que logra conectar de buena gana con el espectador, devolviendo el reflejo de unos maravillosos personajes con los que es imposible no identificarse.

La obra está escrita para La Joven Compañía, creada por David R. Peralto y José Luis Arellano en 2012 con la intención de desarrollar una plataforma pública que concentre a profesionales de las artes escénicas y la comunidad docente, dando su primera experiencia profesional a jóvenes.

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Podríamos hablar de La edad de la ira como una de las obras a la vanguardia de las nuevas tendencias narrativas: no sólo porque en su acomodamiento al teatro suponga una vuelta de tuerca que refresque el relato, sino porque, aprovechando la nueva forma de focalización, lejos del reportaje y bajo la construcción lineal del mismo, permite al espectador acercarse de manera renovada a las emociones vividas por sus protagonistas, incluso de aquellos que quedaron más en la sombra o de quienes conocimos su historia por boca de los adultos.

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Es el caso de los hermanos de Marcos, Ignacio (Alejandro Chaparro) Sergio (Jorge Yumar), cuyas tramas les permiten adquirir voz propia y así, de manera implícita, el espectador puede ser testigo directo tanto el conflicto familiar como las posturas de cada uno de ellos. Y es que, en lo personal, sorprende la profundidad que adquiere el propio Ignacio en esta versión. Por otro lado, la incorporación de Brenda (Rosa Martí), un personaje deslenguado nacido de las redes sociales, ofrece algunos de los momentos más cómicos de la obra y además respalda la trama de Sandra (María Romero). Como dato anecdótico, muy bien traído el streaming en tiempo real durante su videoescena, pues acompaña y refuerza el carácter del propio personaje. Por esta y por tantas otras que han sabido completar tan exquisitamente el relato, nos gustaría reconocer el enorme esfuerzo de Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zurita, máximos responsables de las mismas, así como de la ayudantía, Samuel García y Carlos Campuzano.

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En otro orden de cosas, el dramaturgo también sabe cómo poner sobre la mesa, a través de monólogos cargados de mucho sentimiento, interesantes reflexiones que demuestran su interés por acercarse y comprender a los jóvenes de hoy en día. ¿Acaso hay buenos y malos en el instituto o es cuestión de supervivencia? ¿Existen alumnos problemáticos o realmente es que nadie se ha parado a escucharles o tenderles una mano? Monólogos tan potentes como los de Meri, apodada ‘la choni del Darío’ e interpretada por una Laura Montesinos que despunta, o Adrián (Jesús Lavi), quien se autoproclama superviviente de sus circunstancias, harán replantearse al espectador esa mitología académica construida en el imaginario popular e incluso empatizar y entender a muchos de los que, clásicamente, se encontrarían en el otro bando.

Todas estas historias, pero sobre todo, la de Marcos, Sandra y Raúl (Javier Ariano) hacen de La edad de la ira una obra imprescindible: por emocionar, por transportarnos a aquellos maravillosos años de adolescencia, por hablar tan valientemente de temas que, por desgracia, todavía no se han erradicado de nuestra sociedad… Pero, por encima de todas las cosas, por reencontrarnos con nuestro antiguo ‘yo’, ese que nos decía al oído que nada era imposible y que sólo había que luchar para conseguir nuestros sueños. Ese a quien, un buen día, le soltamos la mano porque creímos crecer, pero que el texto nos trae de vuelta para recordarnos que sigue ahí, para que le tengamos presente en más de una ocasión. Porque, como ellos, queremos pensar que existe ese Edén.

Fernando González Molina: “En una película donde presente y pasado interactúan lo más interesante es que finalmente el pasado ayude a solucionar el presente”.

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Fernando González Molina y Marta Etura.

Vista ya por más de 500.000 espectadores y enfrentándose a su cuarta semana en las salas. El guardián invisible era una de las películas españolas más esperadas este año. La trilogía de Baztán se convirtió en todo un éxito literario y se esperaba lo mismo de la película,  y parece que no se han equivocado. Hablamos con su director, Fernando González Molina, especialista en adaptar libros a películas, véase Tres metros sobre cielo, Tengo ganas de ti o Palmeras en la nieve, y con Marta Etura, que da vida a Amaia Salazar uno de los personajes literarios más interesantes de los últimos años.

¿Qué parte ha sido más difícil de adaptar del libro a la película?

Fernando González Molina: Lo más difícil para mí ha sido prescindir del monólogo interior de la protagonista que tiene muchísimo peso en la novela. En el libro se dedica mucho tiempo a contarnos lo que está pensando el personaje y esto tenía que traducirse en la película a los ojos de Marta (Etura). No podíamos convertirlo en un diálogo porque perdería todo el misterio porque  al final el personaje de Marta, Amaia Salazar, es un personaje que no habla mucho y cuando habla no lo hace sobre lo que le pasa a ella, eso va por dentro del personaje, es un secreto que el personaje arrastra y en la novela nos lo dan con pinceladas de monólogo interior y aquí lo tenía que contar todo a través de la mirada y a través de las situaciones. Ha sido como el desafío a la hora de escribir el guión y también a la hora de grabarlo con ella.

Es cierto que el personaje de Marta Etura es complicado a la hora de plasmarlo porque está lleno de matices. ¿Cómo ha sido para ti llevar a cabo este personaje?

Marta Etura: Ha sido un regalo porque pocas veces te encuentras a un personaje tan interesante con esa dualidad y esa mezcla de fortaleza y fragilidad. Para mí ha sido un gusto porque es un personaje que te permite hacer un viaje emocional muy fuerte y sobre todo  acompañar al espectador a hacer este viaje.

Para mí en el libro había dos escenas muy claves. Una de ellas era la escena del obrador y la otra cuando ella va al hospital. Con respecto a la última, ¿cómo llevaste  ese enfrentamiento con la madre?

M.E: En esto me ayudó mucho Fernando porque claramente ella le tiene pánico a su madre por todo su pasado, debido a que intentó matarla, siempre la ha agredido, no sólo físicamente sino verbalmente y emocionalmente. Entonces, ella huyó de su madre, de ese dolor y de repente se vuelve a enfrentar a ella. Ese primer enfrentamiento es una mezcla de pánico pero a la vez tiene que hacerlo porque es la manera que cree que va a ayudarle a descubrir lo que está pasando. Es un conflicto muy grande de: tengo que hacerlo porque esto va a salvar vidas, que es lo que más le importa a Amaia porque de alguna manera salvando a las pequeñas, está salvando una parte de ella o inconscientemente piensa que a ella nadie la salvó  y ahora quiere salvarlas a ellas. Y por otro lado, enfrentarte a algo tan terrible como que la persona que tiene que quererte te odia a muerte.

Me gustó mucho ese duelo interpretativo entre tú y Susi Sánchez.

F.G.M: ¿Sí? Fíjate lo que es la memoria del lector porque en realidad esa secuencia no está en la primera novela. La madre aparece en la segunda parte y está adelantado porque nos parecía que para cerrar el círculo, el viaje de la película, era muy interesante que tú fueras conociendo los mimbres de la relación con su madre y en el tercio final descubrieras  que está viva, que fuera a verla y que a través de ella encontrará las claves para resolver el caso pero eso no es así en la novela. En el libro la madre no interfiere para nada en la resolución del caso pero nos parecía que en una película donde presente y pasado interactúan lo más interesante  es que finalmente el pasado ayude a solucionar el presente. En cambio sí que está la secuencia del obrador que aquí decimos contarla a través de los ojos de la niña y todo lo que pasa lo vives a través de ellos porque si estás contando una historia a través de la Amaia del presente, era muy interesante  que el pasado también se viese a través de sus ojos y al final vivirlo  casi como si fuese una atracción en el parque de atracciones. Casi que te suceda a ti como espectador.  Esa cosa tan virulenta y tan subjetiva ayudaba a entender el personaje  de Marta.

Ahora que lo dices me parece muy inteligente  introducir esta parte en la primera película.

F.G.M.: Sí, porque al final también forma parte de la trilogía y tiene un peso específico enorme  pero había que colocarlo en la primera película para que tú entendieras muy bien que está historia claramente va más allá de unas niñas adolescentes que aparecen muertas en el bosque o del basajaun. Tiene que ver con la historia de una familia y el dolor de una hija que no sólo siente que su madre no la quiere sino que la odia.

¿Cuáles han sido los referentes artísticos que has cogido para plasmar por ejemplo la posición de los cadáveres?

F.G.M.: Desde los cuadros del romanticismo inglés que miramos mucho para generar esos espacios, esa sensación, que al final es casi pornográfica. Porque la aparición de los cadáveres es bellísima y el hecho de que te guste y disfrutes visualmente con la aparición de un cadáver es muy morboso y eso forma parte del imaginario de la película.  Además, básicamente es siguiendo las instrucciones de la novela porque explica claramente cómo aparecen los cadáveres, por qué es y la razón de todo eso que tiene que ver con el paso a la edad adulta, con la pureza y con el no corromper. Todo esto tiene que ver mucho con la historia porque al final el elemento maldad, pureza, blanco…todo esto tiene que estar presente en la película. Además intentábamos crear imágenes poderosas que con un fotograma sabes qué película estás viendo.

Muchas gracias a los dos.

A ti.

Carlos Librado: “Me sirvió trabajar con actores que admiraba para dar vida a Jonan Etxaide”

Del campo de fútbol a los escenarios, Juan Carlos Librado “Nene”, dejó el deporte y se lanzó de lleno hacia la interpretación algo que como él afirma “siempre le había llamado la atención”. Tras participar en series como ByB, programas de humor como en Comedy Central, El club de la comedia o en obras de teatro como Te elegiría otra vez, Librado suma un nuevo reto a su carrera formando parte del elenco de la esperada El guardián invisible. En ella da vida a Jonan Etxaide, fiel compañero de la protagonista Amaia Salazar (Marta Etura).

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Juan Carlos Librado “Nene”

¿Cómo te surge la oportunidad de trabajar en una película que era tan esperada como El guardián invisible?

Como salen la mayoría de trabajos por mi situación ahora mismo laboral. No soy un actor al que llamen ofreciéndole papeles. Así que estuve pasando castings. Para este caso creo que fueron tres o cuatro pruebas, hasta que llega un día me dijeron que sí y llegué al guardián.

Tu personaje es un punto clave de la saga y mano derecha de la protagonista, Amaia Salazar. Para ti habrá sido un regalo este personaje y trabajar mano a mano con Marta Etura que ya está muy consolidada en este ámbito.

Fue un regalo total. No sólo trabajar con Marta, que es con la que compartí la mayoría de los planos y secuencias, sino de tener como compañeros a Pedro Casablanc, Elvira Mínguez o Francesc Orella. Ha sido maravilloso, un aprendizaje continuo y un disfrute sin parar de sus compañías, de sus charlas, de sus consejos y de ver en directo como trabajan estos monstruos. Para mí ha sido espectacular. Todo esto me sirvió porque el mismo Jonan Etxaide es muy admirador de Amaia Salazar, la ve desde la admiración y el respeto profesional y desde las ganas de ser tan bueno como ella en un futuro.

Sí porque además en la película tú eres el único que la llamas jefa, valoras, confías en ella ciegamente, sigues sus consejos…

Sí, ya te digo que la admiro. Jonan Etxaide es admirador profesional de Amaia, protector de ella en el ámbito laboral porque en la comisaría tienen ciertos rencores o ciertas rencillas hacia ella por lo preparada, decidida y  buena policía que es. Genera envidias y ciertos roces en su profesión. Soy el que la apoya incondicionalmente y el que la ve como es, una gran policía.

¿Qué es lo que más te llama la atención de esta película? El ámbito de la mitología, la importancia de la intuición, los casos que trata o la crudeza de algunas relaciones personales como la de la protagonista con su familia.

Lo has dicho bien porque algo que me llamó mucho la atención fue la relación de Amaia con la madre. Era una cosa que me generaba mucha intriga, el por qué, qué generaba ese odio visceral de la madre hacia su propia hija, tan indefensa a la edad en la que le pasan las cosas que vemos en los flashbacks. A parte de la investigación policial porque yo soy muy fan de los thrillers. Me interesaba mucho formar parte de una investigación en la que se persigue a un asesino en serie.

Las continuaciones de la saga se vuelven un poco más oscuras. ¿Estás preparado para todo lo que se le viene a tu personaje encima?

¿Se  vuelven más oscuras?

Sí, un poquito más oscuras.

Sí. claro, preparado claro que sí. En este trabajo estás dispuesto a todo, sea el personaje que sea. Así que quiero ponerme de lleno con la segunda novela para ver esa oscuridad de la que me hablas e imaginármela sobre todo ahora que tengo cara para los personajes y sé cómo se rodaría por haber trabajado en la primera. Estoy deseando verlo a ver si me atrae tanto como la primera parte porque si estás es la más luminosa y dices tú que las siguiente son más oscuras, la cosa promete.

¿Conocías Baztán? ¿Habías oído hablar de este municipio de Navarra?

Navarra sí lo conozco porque tengo muchos amigos de Pamplona y voy dos o tres veces por año a verlos. Pero Baztán no lo conocía, no tenía ni idea de que existía Elizondo. Pero me arrepiento porque es un sitio maravilloso, los días que hace bueno, en verano, es un sitio para visitar y que recomiendo a todo el mundo. De hecho, yo tengo pensado volver con la familia porque es un valle precioso, tiene unos parajes que no ves en muchos sitios en España.

Con los libros se puso de moda que muchos lectores visitasen esos lugares.

Sí, nos topamos de hecho con ellos durante el rodaje. Ya lleva mucho tiempo esta fiebre por la novela. Nos encontrábamos con mucha gente los días que salíamos a cenar después de rodar o en nuestros días libres que dábamos una vuelta por el valle e incluso cambiando de localización nos encontrábamos con gente que estaba de excursión y haciendo una visita a los lugares de los que habla la novela. Ahí empezamos a ser conscientes del volumen que tenía esta locura fan por El guardián invisible.

En comedia te hemos visto como pez en el agua, ¿en el suspense te has sentido igual de cómodo?

Sí, muy cómodo. Hay una cosa que tiene la comedia que es que tiene una presión y es que tienes que hacer reír, y ese es tu cometido. Ahí se ve si tienes un feed-back inmediato, si haces bien tu trabajo o no, ver si la gente ríe, pues este es tu objetivo y si no lo haces es que algo falla. Entonces estaba más confiado en esto que saliendo a un escenario, donde la gente compra su entrada para que le hagas reír. Aquí ruedas una secuencia, una escena donde tiene mucha más carga emocional, que la gente vea cómo piensa el personaje, más que provocarle una respuesta inmediata.

¿Cómo se convierte un futbolista en actor? ¿Cómo te llega la llamada de la interpretación?

Desde pequeño me llamaba la interpretación. He hecho teatro toda la vida, en el colegio, instituto, universidad…Era algo que tenía como hobbie porque sí que es cierto que despunté desde muy pequeño en el ámbito deportivo y es difícil decir que no a un buen sueldo, a un buen trabajo, aunque me gustaba. Pero lo de interpretar me viene desde hace mucho tiempo, de hecho siempre he compaginado con el fútbol, los años de clase de interpretación, con los grupos de teatro, con los monólogos, con las actuaciones. Así que para mí ha sido algo normal, no ha sido que de repente estaba jugando al fútbol y dije: “Quiero ser actor”. Ha sido un proceso natural.

Muchas gracias.

A ti.

Crítica “El guardián invisible”.

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La saga de Dolores Redondo cosechó una multitud de fans que se enamoraron de la trama oscura de Baztán. Tanto es así, que se convirtió en uno de los lugares más visitados de España deseosos de seguir los pasos de la protagonista, Amaia Salazar, una policía respetada que se verá involucrada en uno de los casos más importantes de su carrera.

La trilogía caracterizada por su oscuridad, la trama interna de la protagonista, la crueldad de los casos que se tratan, hilada finamente con la mitología vasca y referencias artísticas bajo una pluma que no escasea en detalles, que traza con gran precisión cada una de sus tramas y las une de una forma inteligente, bien pensada y trabajada, era carne cinematográfica.

Ante esta presión, el director Fernando González Molina tenía una ardua tarea por delante, no es fácil contar esta historia, ni serle fiel y mantener contentos a la multitud de fieles fans de la misma. Pero González Molina demuestra que es todo un experto en adaptar historias y no decepciona.

Las primeras escenas marcadas por la oscuridad y colores tenues que remarca la novela y hacía que todos los lectores nos imaginásemos un Baztán oscuro, lleno de secretos, nos dan la tranquilidad de que comienza bien, de que la esencia de la novela se ha cogido. Ahora sólo nos queda comprobar la presentación de los personajes, si Marta Etura da la altura con Amaia Salazar, un personaje muy interesante en la saga y probablemente uno de los elementos más adictivos de la misma, y si la historia y coherencia de la misma se mantiene.

Actores bien. Muy correctos. Tal y como probablemente imaginábamos, ninguno chirría y luego está ella. Marta Etura. Amaia Salazar. Dando lo mejor de sí misma. Da igual que en las novelas nos describan a Salazar con una larga melena rubia y Marta Etura sea morena, es ella. Tiene su esencia, su carácter, su magnetismo, su inteligencia y sobre todo tiene sus miedos. Gracias a ello, desde el principio podemos empatizar con ella como empatizamos  en su día con el personaje y para los no lectores de la obra de Redondo, un personaje que desde el minuto uno les cautivará y les llenará de incógnitas.

Por no hablar de Elvira Mínguez, representando un personaje frío, apático y severo. Demostrando una vez más que ningún papel se le queda pequeño. Esta vez dando vida a Flora Salazar, la hermana de Amaia y su antagónico. O de la revelación Carlos Librado, dando vida al fiel compañero de Salazar. Por no hablar de Susi Sánchez, no se puede revelar mucho de su personaje, pero sólo decir que su escena vale oro y puede ser de las más impactantes de la película.

Hablando de escenas y volviendo a los libros. Los lectores del primer libro probablemente consideren que hay dos escenas del mismo que sobresalen por su complejidad y crudeza. Precisamente por su dificultad, llevarlas al cine iba a ser difícil y contaban con la expectación que generarían tanto si se hacían bien como mal, ambas con opiniones diferentes, obviamente. Pero la maravilla y el gran logro de la película, es que las han representado con la fidelidad que la obra de Dolores Redondo se merece, con el cuidado que precisan y generan la incomodidad y el miedo que deben producir. Todo esto hace que los lectores estemos tremendamente felices y los no lectores se lleven la gran sorpresa que nosotros nos llevamos en su momento y consigan emocionarse como nosotros.

Por tanto os invito a disfrutar una historia que yo disfruté hace dos años a través de los libros y que la película me ha hecho volver a admirar. Os invito a Baztán, a su oscuridad, a conocer a sus personajes y que te dominen sus miedos y sus secretos. Os invito a conocer sus entresijos, su mitología, su historia, su magia y a dejaros llevar por la intuición que nos invita la película.

Disfrutad de un buen trabajo.

 

‘Extático’, una pequeña dosis de terror

Un paraje inhóspito y gris, un par de guardabosques y un misterioso suceso que desencadena la acción. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar la mente humana ante una situación con tales ingredientes?

Extático es una historia de terror que supone el debut como directora de Azahara Gómez. Con guión de Lorenzo Ayuso, la historia presenta a dos guardas forestales interpretados por David Blanka y Sergio Sánchez Shaw ante un cadáver en un bosque. A través de recursos como el plano fijo, el punto de vista subjetivo o el sonido fuera de campo, el corto consigue imbuirnos en una atmósfera de suspense donde en apenas ocho minutos conoceremos las intenciones de los susodichos. Sin duda, un trabajo que impresiona a la par que incomoda (en el buen sentido catárquico) por la atmósfera violenta con la que llega empatiza el propio espectador desde ese único punto de vista.

La producción del cortometraje corre a cargo de Amania Films, una empresa de producción afincada en Vitoria-Gasteiz fundada por David P. Sañudo y Luis Espinosa en 2012. Su estreno tuvo lugar en el Festival Internacional de Cine de Gijón, a finales del pasado noviembre, y ha recibido el Premio al Mérito en el One-Reeler Short Film Competition, un festival de cortos de menos de 12 minutos a nivel internacional.

Por otra parte, el cortometraje De-mente, dirigido y escrito por el propio Ayuso, cumplirá en breve su primer año de distribución. Durante sus diez meses recorriendo un sinfín de festivales, concretamente diecisiete, y un total de cuatro galardones, el cortometraje ha tenido una recepción muy positiva entre el público.